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Friederich W. Nietzsche                Agregar a favoritos

Autor: host
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Fecha de publicaicón: 07/05/2011
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Fotografía Nietzche Autor: Eduard Munch


Precio de venta: $35.00


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Generalmente, se puede dividir al pensamiento de Nietzsche en tres puntos principales: la muerte de Dios, el Übermensch y el eterno retorno. Estos tres elementos están íntimamente entrelazados, al punto de que no es posible entender uno de ellos sin involucrar a los otros. Por otra parte, hay otros puntos de la filosofía nietzscheana que deben ser mencionados al constituir éstos aspectos indispensables del pensamiento nietzscheano y que constituyen el núcleo de su radical separación con la tradición heredada del pensamiento moderno europeo que le precedía.

¿Cuáles son estos elementos? Como la Dra. Antaki menciona más de una vez durante su exposición, en Nietzsche hay una preferencia del devenir sobre el ser. Ya había hablado Heráclito de Efeso, en las épocas de la Grecia presocrática, acerca de la imposibilidad de uno de “bañarse en un mismo río”, manifestándose contra la unidad e inmanencia del ser de Parménides. Contra ésta unidad del ser, se sugiere una multiplicidad del devenir, de lo que acontece, impidiendo su total aprehensión y por ende, la posibilidad de ‘bañarse dos veces en el mismo río’.

Aunque no lo parezca a primera vista, éste es el horizonte de la filosofía nietzscheana, y la clave de la violencia que ésta ejerce en contra de la tradición que ha regido, para Nietzsche, al pensamiento occidental, encarnado principalmente en tres figuras centrales: Sócrates, Cristo y Hegel. ¿Qué tienen en común estos tres personajes, aparentemente dispares? La respuesta de Nietzsche consiste en que todos éstos serían representantes de la décadence, la cual, para Nietzsche, es análoga al desarrollo de la dialéctica. La dialéctica y la enfermedad están íntimamente ligadas. Por eso es que Nietzsche se ha llamado a sí mismo “el gran médico de Europa”: su fin es llevar a sus últimas consecuencias esta enfermedad dialéctica – ascética de occidente. Nietzsche detesta la dialéctica porque olvida la tensión fundamental de las fuerzas que bajo ésta yacen. Esa es la razón del estilo asistemático de Nietzsche y de sus aforismos. Nietzsche pretende desenrollar la dialéctica y su décadance. Y su herramienta para conseguirlo será la genealogía. La labor de la genealogía consiste en el desentrañamiento ‘médico’ de cualquier  fuerza y la manera en que ésta potencia la voluntad y averiguar, de éste modo, cómo es que ésta se volvió ‘enferma’.En otras palabras: encontrar la nada detrás de todos los ideales, como el bien y la caridad. La tradición cristiana, fortalecida, en primer término, por la herencia griega (Sócrates) y seguidamente por la herencia protestante y el carácter historicista (Hegel) crean ideales que traicionan lo terrenal y las apariencias sensibles. No olvidemos que Sócrates (por medio de Platón) denuncia al arte mismo por ‘no ser verdadero’.

La muerte de Dios es un acontecimiento producto de lo que representa Dios – espíritu de venganza contra el tiempo, como bien asevera Antaki. Venganza contra el tiempo significa venganza contra el devenir y contra la ‘verdad de las apariencias’, en aras de una trascendencia suprasensible y supra terrenal.  La radicalidad del ateísmo nietzscheano no debe ser subestimada. Se puede afirmar que el ateísmo nietzscheano es el primer ateísmo auténtico y filosóficamente viable.

 

Glosario:

El sobrenombre o ‘superhombre’: Del alemán Übermensch. Para Nietzsche, el hombre sólo es un paso del mono al superhombre. Como dice Antaki, el sobrenombre ‘no es un Nazi o un SS”, sino el hombre ‘ligero’ que ‘sabe bailar’. Es ligero porque está ya libre de la carga de la pesada dialéctica y la moral del cristianismo.

 

Trasvaloración: Del alemán Umwertung. Ésta se refiere a la tarea, propia del filósofo, de destruir valores ‘enfermos’ y analizarlos desde el origen, para así poder imponer nuevos valores ‘sanos’.

 

Eterno retorno de lo idéntico: Uno de los puntos ejes de la filosofía de Nietzsche. Se refiere al constante e infinito devenir que posibilita ( y no supone ) a la identidad. Representa la afirmación de Nietzsche de la multiplicidad de las apariencias contra la unidad del ser.

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